Intervención de Chile en el debate sobre el tema 37 de la Asamblea General: Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba

Discurso emitido por el embajador y representante permanente de Chile ante la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York, Roberto Ampuero.
Señor Presidente, Excelencias:
Por más de tres décadas esta Asamblea ha examinado la situación de Cuba y su pueblo. Chile participa en este debate guiado por los mismos principios que han orientado su política exterior bajo gobiernos de distinto símbolo: respeto al derecho internacional, confianza en el multilateralismo y defensa de los derechos humanos. Son principios que no se contraponen, son principios que se sostienen mutuamente.
Chile es una economía abierta, integrada al mundo, y cree en el libre comercio entre las naciones como motor de desarrollo y bienestar. Cree también en un orden internacional basado en reglas.
La Carta de las Naciones Unidas confía sólo al Consejo de Seguridad la responsabilidad de determinar cuándo y cómo la comunidad internacional adopta medidas coercitivas.
Ese diseño no es un tecnicismo, sino la garantía de que las decisiones que afectan a pueblos enteros las adopta una sola voluntad legítima. Es por ello que Chile no ha respaldado, ni respalda, las medidas económicas, comerciales y financieras unilaterales. No perdemos de vista que las medidas de amplio alcance de este tipo terminan recayendo sobre los más vulnerables de la población civil.
Pero, Señor Presidente, detenernos ahí sería contar solo una parte de esta historia. Y esa historia debe ser contada en forma completa.
Consideramos que las dificultades que enfrentan hoy las familias cubanas no se explican únicamente por factores externos. En ellas pesan también restricciones a libertades fundamentales, a la participación política y económica y al ejercicio pleno de derechos civiles. Reconocerlo no es tomar partido en una disputa entre Estados. Es mirar la realidad de las personas.
Con demasiada frecuencia, este debate se ha presentado como una elección entre bandos, donde cualquier matiz se interpreta como lealtad o traición de uno a otro. Chile no se reconoce en esa lógica. La línea que verdaderamente importa no separa a unos países de otros según esos alineamientos. Separa a quienes defienden los derechos humanos de quienes no los respetan. Y en esa línea, Chile sabe bien dónde estar ubicado.
Estamos convencidos, por la historia mundial y nacional, de que las soluciones duraderas emergen cuando los ciudadanos son consultados y pueden pronunciarse libremente sobre su propio destino.
Alzar la voz por los derechos humanos en este hemiciclo no es un acto hostil hacia ningún Estado. Es un deber y un compromiso con las personas, que todos asumimos al suscribir la Carta y la Declaración Universal. Cuando la preocupación por las libertades de los ciudadanos se interpreta como una ofensa, quizás la reflexión más adecuada no sea la dirigida hacia afuera, sino hacia el interior del propio país. Chile acepta ese mismo escrutinio para sí, y no pide a otros lo que no se exige a sí mismo.
Señor Presidente:
Hay una convicción a lo largo de la historia que Pablo Neruda expresó con sencillez: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”. La historia enseña que las aspiraciones de libertad pueden encontrar obstáculos y demorar en abrirse camino, pero son permanentes, y al final florecen.
Ellas viven en cada ser humano que anhela expresarse, participar y decidir sobre su propio futuro. Chile estará, como siempre, del lado de las libertades, los derechos humanos y del pleno respeto, insisto, al derecho internacional.
Desde esta doble convicción, el apego a la Carta y el compromiso con la dignidad de las personas, Chile aborda esta resolución. Pensamos que esta Asamblea puede y debe, más que repetir año tras año un ejercicio que no logra resolver la tensión en comento, contribuir a que Cuba se vea libre del embargo y el pueblo cubano viva con bienestar y con la posibilidad de decidir libremente su propio camino. Muchas gracias.